Elene Lizarralde

Llevo toda la vida inventando historias. Ya de niña, escribía cuentos o poesías en los exámenes de matemáticas. También escribía durante mis excursiones en bicicleta, cuando me acercaba al Peine del Viento o a la playa de la Zurriola (por aquel entonces la de Gros) en Donostia, ciudad en la que nací.

Iba para profesora de euskera cuando la TV se cruzó en mi camino y me ofreció un mundo de creatividad: formatos, contenidos, guiones… Viví creando y escribiendo más de veinte años. Dirigir la programación infantil de una cadena privada me dio alas; los niños me permitieron dejar volar mi imaginación; los míos propios y los de los demás.

Al terminar esta etapa me vi en “la calle”; poco antes de la crisis, en el 2007. La familia me preguntó “Y ahora ¿qué?”. “Ahora, me gustaría escribir”. Se lo tomaron con cierto escepticismo, pero perseveré. No fue fácil, ¿quién dijo que lo fuera a ser?

La enfermedad de uno de mis hijos, cefaleas en racimos, me descubrió un nuevo mundo y despertó en mí una nueva inquietud: la comunicación médico-paciente-familiar. Así, nació mi blog: www.hablemosdoctor.com y por primera vez me consideré periodista; un medio para dar a conocer experiencias en la enfermedad; un mundo que solo conocemos cuando nos afecta, pero un mundo, el de la enfermedad, en el que una vez te adentras, ¡cambias!

Escribí cuentos, algunos de ellos como regalos para mis hijos y una vez más, un “pero”; a los pequeños no les gusta leer y uno de ellos me dijo muy serio: “a mí lo que me gusta son las películas”. Mi otra pasión, ¡el cine!, donde tuve incursiones como actriz y donde espero volver. Escribí el guion cinematográfico del cuento ¿Cómo no? Alguna vez se convertirá en película.

Mientras, la vida continuaba y una nueva enfermedad afectaba a la familia, en este caso a mi marido, un EPOC. Asumí su cuidado con todo el amor del mundo y lo que pudo ser un inconveniente se convirtió nuevamente en oportunidad: nació mi primera novela.

Mi madre fue quien me habló por primera vez de las “raquetistas” o “señoritas pelotaris”; mujeres que, ya antes de la Guerra Civil, encontraron en frontones de toda España la oportunidad de labrarse una profesión. Las busqué y encontré: en Madrid, en Éibar y en San Sebastián. Conocí unas pocas, las entrevisté y se ganaron mi admiración, mi respeto y mi cariño. Alguna había cumplido los noventa, otras eran octogenarias y pocas, más jóvenes… Increíbles, todas ellas con historias extraordinarias; les di mi palabra de que algún día las daría a conocer.

Ellas despertaron en mí el interés por conocer otras mujeres; a las que leo y para quienes escribo.

Las salas de espera de los hospitales, los numerosos y largos periodos de ingresos, meses y años de “cuidadora” me han dado la oportunidad de hacer realidad mi sueño: ser escritora. Y me han hecho descubrir que las respuestas están ahí y que para encontrarlas hay que aprender a “escuchar”.

Mi vida ha sido y es ¡emocionante!, como espero que te resulten mis novelas.

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